Ocurre en tan solo un instante: una mano que salva la distancia de la vitrina para entregar una tarrina a otra mano tendida. Pero establece una conexión.
Nos aseguramos de que todo lo que hacemos esté a la altura de esa conexión: desde nuestro compromiso con los ingredientes artesanales de máxima calidad en el mundo, hasta la manera de interactuar con nuestros clientes y comunidades para operar de forma responsable.
Desde nuestros comienzos, en una pequeña tienda de barrio, en todos los lugares donde hemos estado, en todos los lugares con los que nos relacionamos, intentamos que todo sea un poco más dulce que cuando llegamos.
Cada día vamos a trabajar con dos objetivos: compartir un helado de excelencia con los nuestros y ayudar a que el mundo disfrute de un buen momento. Eso era cierto cuando el primer local de Pura Crema abrió sus puertas, y sigue siendo igual de cierto en el día de hoy.
En nuestros inicios, Pura Crema comenzó con una única heladería local. Desde esta pequeña parada ofrecíamos algunas de las mejores cremas heladas, recién mantecadas con materia prima fresca. Nuestro nombre evoca tradición, intensidad, y el arte inconfundible de la auténtica heladería.
A través de los años, Pura Crema optó por ser una marca diferente que no solo celebraba el postre y su rica historia, sino que también fomentaba las relaciones interpersonales. Nuestra misión es inspirar y nutrir el espíritu humano bola a bola, en cada uno de los barrios donde operamos.
En la actualidad, Pura Crema se ha convertido en sinónimo de calidad e innovación. Y nos esforzamos para que cada sabor que desarrollamos sea un reflejo de nuestro patrimonio artesanal y una experiencia excepcional de sabor puro.